12/6/08

Memorial


One year has passed; twelve months, with the length
Of twelve long winters!

10/28/08

El diablillo de la traducción perversa

Querido lector: opine usted.
To Science

Science! true daughter of Old Time thou art!
Who alterest all things with thy peering eyes.
Why preyest thou thus upon the poet's heart,
Vulture, whose wings are dull realities?
How should he love thee? or how deem thee wise,
Who wouldst not leave him in his wandering
To seek for treasure in the jewelled skies,
Albeit he soared with an undaunted wing?
Hast thou not dragged Diana from her car?
And driven the Hamadryad from the wood
To seek a shelter in some happier star?
Hast thou not torn the Naiad from her flood,
The Elfin from the green grass, and from me
The summer dream beneath the tamarind tree?


A la ciencia

¡Ciencia! ¡Del tiempo la verdadera hija!
Altera todo con atenta mirada.
¿Por qué sus garras en el bardo fija,
arpía, de fea verdad alada?
¿Cómo ha de amarte o bien sabia pensarte
si nunca permites sus aventuras
en el cielo, diamantino estandarte,
donde, absorto, remonta las honduras?
¿Del carro no tiraste a Diana bella
ni del bosque a Hamadríade sacaste
a hallar abrigo en venturosa estrella?
¿A Náyade del río no apartaste
y al Elfo del verdor, o bien a mí
que un sueño so el tamarindo viví?


El Dorado

Gaily bedight,
A gallant night
In sunshine and in shadow,
Had journeyed long,
Singing a song,
In search of El Dorado.

But he grew old --
This knight so bold --
And -- o'er his heart a shadow
Fell as he found
No spot of ground
That looked like El Dorado.

And, as his strength
Failed him at length,
He met a pilgrim shadow --
"Shadow," said he,
"Where can it be --
This land of El Dorado?"

"Over the Mountains
Of the Moon,
Down the Valley of the Shadow,
Ride, boldly ride,"
The shade replied --
"If you seek for El Dorado."


El Dorado

Con adorno vistoso,
un caballero hermoso,
a sol o a sombra armado,
viajado había un trecho,
con un himno en el pecho,
en busca de El Dorado.

El hidalgo valiente
muchos años ya siente;
un dolor aguzado
le aflige el corazón
por no encontrar razón
de dónde está El Dorado.

Al irse su energía
vio que algo aparecía,
un espectro extraviado:
“Espectro, ¿donde está
el camino que va
a tierras de El Dorado?”

“Allende las montañas
de la luna
por el Val Desolado,
ve, cabalga valiente,
–dijo aquel oscuro ente–
si buscas El Dorado”.


Song

I saw thee on thy bridal day-
When a burning blush came o'er thee,
Though happiness around thee lay,
The world all love before thee:

And in thine eye a kindling light
(Whatever it might be)
Was all on Earth my aching sight
Of Loveliness could see.

That blush, perhaps, was maiden shame-
As such it well may pass-
Though its glow hath raised a fiercer flame
In the breast of him, alas!

Who saw thee on that bridal day,
When that deep blush would come o'er thee,
Though happiness around thee lay;
The world all love before thee.


Canción

Contemplábate el día de tu boda,
y tu rostro se tornó rubicundo
aunque la dicha rodeábate toda,
ante tu faz de amor entero el mundo.

En tus ojos una luz reluciente
(sin conocer de cierto qué sería)
es lo único que mi vista doliente
del Encanto en este mundo veía.

El rubor quizá era pudor de dama–
De esta guisa bien podría pasar–
Aunque su brillo una ardorosa flama
En pecho de hombre pudiese avivar.

Quién te veía el día de tu boda,
Cuando tu rostro era ya rubicundo
Aunque la dicha rodeábate toda,
Ante tu faz de amor entero el mundo.

–Poe y Piricocco

9/5/08

Milton 2008


Helbardot tiene el placer de invitarlos a la lectura dramatizada que de Paradise Lost realizarán José Luis Ibáñez y Emilio Méndez todos los martes, a partir del 23 de septiembre y hasta el 4 de noviembre de 2008, en el Teatro Enrique Ruelas de la Facultad de Filosofía y Letras. Los esperamos ahí a las 18:30.

7/7/08

Carta de Diego Rivera a Dolores Olmedo



Sábado 1 de febrero de 1957.

Señora doña Lolita Olmedo.
Lolita, linda señora maravillosa y vida de mi vida:
La cual parece que tiene Usted intención de desprender de Usted según mis antenas han transmitido a mi receptor estos últimos tiempos –siempre, desde que empezaron las dificultades, empero, tarde o temprano, lo que ahora siento que empieza a producirse y así se lo dije a Usted hace meses–. Por su deseo o no, esto no lo sé, no hay manera de ver a Usted jamás, sin caballero sirviente al canto o en tal cercanía, que hace imposible la compañía próxima que todo afecto intenso demanda, y el mío por Usted lo es en grado que resulta terrible, sin la menor posibilidad de intimidad.

Suggestions, anyone?

6/4/08

Traducir a Rivera



Escribe Diego Rivera sobre las tendencias pictóricas de su tiempo:

En el actual movimiento ha habido tres periodos. El de iniciación: en el que algunos repatriados a quienes Vasconcelos hizo confianza, empezaron a pintar muros en medio de la curiosidad medio benevolente, medio burlesca de las gentes. El segundo periodo: de lucha franca, en el que después de la realización del primer trabajo importante por su visibilidad, y a quien la minoría de simpatizantes hizo una acogida favorable y ostensible y se formó un frente único contra la pintura de expresión nueva en México, frente del que formaron parte los incomprensibles, los de mala voluntad, y muchos de aquellos pintores creados con el merengue, especialidad y fabricación del sastre pastelista que inundó de flores náufragas los salones de nuestros lamentables ricachones; también se sumó el remanente arqueológico de la vieja escuela de pintura que no comprendió al admirable Velasco y fabricó viles estampas de iglesia, creyendo escuchar los consejos del gran maestro que fue Rebull. Todos atacaron en formación cerrada, y justo es decirlo, el ministro inteligentemente ayudó a los defensores de la posición suministrándoles la barrera de alambre con púas que fue el trabajo ofrecido en igualdad de circunstancias a los atacantes, y así el ataque se dispersó. Tales coroneles se eternizaron en una tela en que muñecas de porcelana deambulan entre flores de trapo desteñido sobre fondo de puesto de kermés de damas católicas, destinado el todo a decoración de privado ministerial; tal otro embadurno con el más lamentable de los resultados: muros y muros que con su subconsciencia de piedra se niegan a dejar adherírseles la gasolina teñida de anilina con que se les quiso vestir, para solaz de aquellos que tengan en lugar de globos oculares un par de huevos cocidos. Durante esa carga tal fue la grita y tales los medios empleados, desde el ataque periodístico hasta la tentación femenina, que algunos de los pintores jóvenes de los más talentosos se preguntaron en su interior si no sería posible hacer una pintura buena y que, sin embargo, no originara las protestas de la gente mediana. Se buscó la solución y el intento sirvió para que nuestro gran Clemente Orozco aprendiera el manejo de la pintura al fresco, dejando el resultado del aprendizaje ajeno del todo al alto espíritu del pintor, como plástica estética buena para la recua de asnos que no alcanzaron con los golpes de sus pezuñas la altura de los andamios de los pintores. Hoy José Clemente Orozco es tan dueño ya de la técnica nueva como lo fue de la de sus admirables acuarelas y empieza a expresarse a sí mismo en buena pintura y honda emoción; la bella obra demolerá poco a poco el campo de aprendizaje que quienes no supieron ver tomaron por realización contradictoria al movimiento y saltaron de alegría. Pobre gente, ¡no será José Clemente el pintor de los empleados!

Lo tengo que traducir. Al inglés. Lo único que me queda por decir es: menos mal que se dedicó más al pincel y menos a la pluma...
M

5/28/08

De líneas y vecinos



Líneas Conectadas/Lo que cuenta el vecino


Comenzar una presentación con una anécdota personal está muy trillado. Sin embargo, en esta ocasión no puedo resistir hacerlo. Hace unas semanas, cuando buscaba pruebas curriculares para esos estímulos que los académicos a veces nos vemos forzados a andar cazando, fui a la librería de la UNAM, la que está junto a Rectoría, a conseguir una copia de Lo que cuenta el vecino. Y ahí estaba. La tomé del montón de libros iguales que se levantaba del piso, la llevé al mostrador, y ahí comenzó mi reflexión sobre lo que significa traducir literatura norteamericana en México. El cajero se quedó viendo el libro, después me miró con un gesto entre condescendiente, juguetón y despreciativo, y me dijo: “¿Lo que cuenta el vecino? Ese vecino, ¡pus puras mentiras!” Lo único que atiné a contestar, de manera automática y sin pensarlo, fue: “Pues sí”. Mi vida pasó ante mis ojos (mi vida como traductor, quiero decir). ¿Cómo podía yo decir eso, después de traducir desde la lengua inglesa –y desde la lengua norteamericana– durante tanto tiempo, con tanto gusto, con tanta sorpresa y tantas expectativas? Ante la irresponsabilidad de mi respuesta, sólo me restó agregar, con la mirada clavada en el libro: “A veces”.
Lo que cuenta el vecino y Líneas conectadas son ejemplos de esas ocasiones en las que los vecinos se hablan, aunque sea a través de la barda, y se entienden, se invitan a pasar, se divierten y hasta aprenden el uno del otro. Conviven casi desinteresadamente, con generosidad de por medio. Y es que a veces, en honor a la verdad, es fácil olvidar que un vecino como Estados Unidos, históricamente, ha sido generoso, al menos en algunos sentidos. No cabe duda de que uno de los sentidos en el que este vecino ha sido más pródigo es el de la literatura.
La poesía y la literatura norteamericanas no dejan de sorprender. Tal vez sean los poetas y los narradores los norteamericanos más generosos que haya conocido. Nos cuentan quiénes son, cómo son y, a veces, hasta nos emocionan con mentiras intensas que parecen verdades mayores que las verdades mismas. Miente Edward P. Jones al hablarnos con la voz de una pequeña que narra, desde la adultez, su primer día de escuela. Miente Ron Hansen cuando se disfraza de vendedor de seguros para sugerirnos la frustración de la vida normal, para contarnos de la incapacidad de acción del hombre común ante las posibilidades del cambio. Es también un embustero A.E. Stallings cuando, desde el verso, se apropia de la voz de Hades; y las elucubraciones de Rafael Campo sobre el Día de los Muertos, nuestro Día de Muertos, son francamente inverosímiles. Y no obstante, es justo ahí donde reside su verdad íntima, su generosidad: en los vuelos imaginativos que nos conmueven y nos convencen irremediablemente de realidades que, por ajenas, se antojan muestras de confianza al revelársenos con detalle y elocuencia.
Nosotros hemos sido recíprocos (hablo al menos de quienes hemos participado como traductores en estos proyectos). Y es que la traducción es un gesto innegable de generosidad. Diría una amiga que la traducción es incluso una de las expresiones más honestas de hospitalidad. Estoy de acuerdo, y la excelente labor de mis colegas es muestra de la probidad que conlleva hablar con el vecino, ofrecerle nuestra lengua y presentarlo con quien no lo conoce, o incluso mejor, contar su verdad a quien sólo cree que lo conoce. Quizá mentimos nosotros también al imaginar que se puede viajar de una voz a otra con completo entendimiento, pero es posible que la certeza de que ambas son la misma nos acerque a compartir generosamente experiencias de vida, de escritura y de imaginación. He ahí la importancia de conectarnos entre líneas y de oír con atención, con gusto, lo que nos cuenta el vecino.

M

4/26/08

De gatos y monjes

Aqui pongo un poema y los apuntes de Seamus Heaney al respecto... espero que les guste. Este es un extracto de un post mas largo relacionado con mi tesis que acabo de poner en mi blog. Pero tengo varias versiones de este poema que pense serian de interes para la comunidad Helbardiana. Saudos!

Esta es una traduccion del poema titulado 'Pangur Ban' escrito en el siglo 9 por un monje. La traduccion es de Seamus Heaney, pero de hecho, ha sido traducido por varios poetas ingleses del original irlandes. Aqui les va:
Pangur Ban (It takes an accent on the "a" of "Ban")

Pangur Ban and I at work,

Adepts, equals, cat and clerk:

His whole instinct is to hunt,

Mine to free the meaning pent.


More than loud acclaim, I love

Books, silence, thought, my alcove.
Happy for me, Pangur Ban

Child-plays round some mouse's den.

Truth to tell, just being here,
Housed alone, housed together,

Adds up to its own reward:

Concentration, stealthy art.


Next thing an unware mouse

Bares his flank: Pangur pounces.

Next thing lines that held and held
Meaning back begin to yield.


All the while, his round bright eye

Fixes on the wall, while I

Focus my less piercing gaze

On the challenge of the page.


With his unsheathed, perfect nails

Pangur springs, exults and kills.

When the longed-for, difficult

Answers come, I too exult.


So it goes. To each his own.

No vying. No vexation.
Taking pleasure, taking pains,

Kindred spirits, veterans.


Day and night, soft purr, soft pad,

Pangur Ban has learned his trade.

Day and night, my own hard work

Solves the cruzes, makes a mark.
Translator Notes

This poem, found in a ninth-century manuscript belonging to the monastery of St. Paul in Carinthia (southern Austria), was written in Irish and has often been translated. For many years I have known by heart Robin Flower's version, which keeps the rhymed and endstopped movement of the seven-syllable lines, but changes the packed, donnis/monkish style of the original into something more like a children's poem, employing an idiom at once wily and wilfully faux-naif: "I and Pangur Ban, my cat/'Tis a like task we are at...," "Tis a merry thing to see/At our tasks how glad are we/When we sit at home and find/Entertainment for our mind," and so on. Sometimes known as "Pangur Ban" ("white pangur"--"pangur" being an old spelling for the Welsh word for "fuller," the man who works with white fuller's earth), sometimes known as "The Scholar/Monk and his Cat," the poem pads naturally out of Irish into the big-cat English of "The Tyger." And since Blake's meter acted as Flower's tuning fork, and as Yeats's when Yeats came to write his exhortations to Irish poets, I was glad to "keep the accent" and thereby instate the author of "Pangur Ban" at the head of the line of those Irish poets who are meant to have "learned their trade."

[...]


Nevertheless, had it not been for the editor's invitation to contribute to this issue, it's unlikely that I would ever have made bold to face the job: the tune of the Flower version is ineradicably lodged in my ear, and I just assumed that for me "Pangur Ban" would always be a no-go area.
A hangover helped. Not so much "tamed by Miltown" as dulled by Jameson, I applied myself to the glossary and parallel text in the most recent edition of Gerard Murphy's Early Irish Lyrics (Four Courts Press, 1998) and was happy to find that I had enough Irish and enough insulation (thanks to Murphy's prose and whiskey's punch) to get started. --S.H. From Poetry Magazine, Volume 188, Number 1, April 2006.

12/17/07

A Whale of a Poem

A REASONABLE CONSTITUTION

What though Reason forged your scheme?
'Twas Reason dreamed the Utopia's dream:
'Tis dream to think that reason can
Govern the reasoning creature, man.

UNA CONSTITUCIÓN RAZONABLE

¡Y qué si la razón forjó tu sueño!
Soñó la razón un país soñado.
Es sueño creer que la razón pueda
gobernar a la bestia que razona: el hombre.

Herman Melville
Trad. de Colin White

12/16/07

SEASCAPE

There are some days the happy ocean lies
Like an unfingered harp, below the land.
Afternoon guilds all the silent wires
Into a burning music for the eyes
On mirrors flashing between fine-strung fires
The shore, heaped up with roses, horses, spires
Wanders on water tall above ribbed sand.

The motionlessness of the hot sky tires
And a sigh, like a woman's from inland,
Brushes the instrument with shadowy hand
Drawing across those wires some gull's sharp cry
Or bell, or shout, from distant, hedged-in, shires;
These, deep as anchors, the hushing wave buries.

Then from the shore, two zig-zag butterflies
Like errant dog-roses cross the bright strand
Spiralling over waves in dizzy gyres
Until the fall in wet reflected skies.
They drown. Fishermen understand
Such wings sunk in such ritual sacrifice.

Remembering legends of undersea, drowned cities.
What voyagers, oh what heroes, flamed like pyres
With helmets plumed have set forth from some island
And them the seas engulfed. Their eyes
Distorted to the cruel waves desires,
Glitter with coins through the tide scarcely scanned,
While, far above, that harp assumes their sighs.

MARINA

Hay días en que el feliz océano yace
cual arpa silente, bajo la tierra.
El atardecer dora sus cuerdas calladas
tornándolas en candente música para los ojos.
Sobre espejos suspendidos entre tensas y delgadas llamas
la playa, hacinada de rosas, caballos y afiladas torres,
camina sobre el agua, dejando ver el costillar de la arena.

La quietud del ardiente cielo cansa
y un suspiro, como de mujer, de tierra adentro,
tañe el instrumento con umbrosa mano
rasgando esas cuerdas con agudo graznido de gaviota,
campanada, o grito desde lejanas comarcas cercadas:
éstos, profundos como anclas, la sedante ola entierra.

Luego, desde la costa, dos mariposas revolotean
como errantes rosas silvestres, cruzando la dorada arena
en espirales de ebrios giros
hasta que caen en cielos donde la mar se refleja.
Se ahogan. Los pescadores comprenden
esas alas hundidas en ese sacrificio ritual

que recuerda leyendas de ahogadas ciudades submarinas.
¡Qué navegantes! ¡O, qué héroes, estrellas fugaces
de cascos emplumados, se han lanzado de alguna isla
y fueron por la mar tragados! Sus ojos
deformados por los deseos de la crueles olas
relucen cual monedas a través de la marea vislumbradas
mientras, arriba, aquella arpa se adueña de sus suspiros.

Stephen Spender
Trad. de Colin White

12/7/07

A dark, cold day



Colin White
1932-2007

After the first death there is no other